La ciudad es el mayor activo cultural

Diálogo con la Arq. Vilma Bartolomé, líder de Proyecto Espacios sobre el Corredor Cultural de la Calle Línea, el surgimiento de la idea general y los rasgos de esta propuesta de regeneración urbana en La Habana.

¿Cómo y cuándo comenzó el acercamiento de Proyecto Espacios a la Calle Línea como posible objeto de intervención urbanística?

El proyecto de la Calle Línea comienza a gestarse luego de que el Ministerio de Cultura encargase a Proyecto Espacios presentar ideas para el rescate y la reutilización de unas naves en desuso ubicadas casi al final de la Calle Línea en la manzana ocupada por las calles 18, 11 y 20, en el Vedado.

Aunque muy deteriorada y con altos niveles de intervención, la edificación, cuyo uso más reciente había sido Fábrica de Bicicletas y antes Fábrica de autobuses, surgió como Estación de Tranvías “El Carmelo”, cuyo trazado dio origen a la Calle Línea en el Vedado.

Las industrias se suelen construir en los márgenes de las ciudades, pero muchas veces con el crecimiento de las mismas a lo largo del tiempo, esas estructuras quedan contenidas dentro de la trama urbana: inoperantes en su función inicial, con una masa construida importante, en un sitio privilegiado y difícilmente reconvertibles a otros programas arquitectónicos.

En muchas ciudades se han dado idénticas situaciones y la solución más viable ha sido su derivación a la industria cultural: industria ultraligera y limpia del siglo XXI.

Comenzamos por hacer un levantamiento de la información sobre la calle Línea, y “descubrimos” que en esos 3km había casi treinta instalaciones dedicadas al arte y la cultura, además de sitios patrimoniales, parques, cafeterías, áreas de deportes. Entre las instalaciones para la cultura están algunas de las más importantes del país.

Al ubicarlas en un mapa nos llevamos una gran sorpresa. La vieja fábrica de Línea y 18, por donde comenzó esta reflexión, se podría convertir en una nueva sede para la cultura, casi al final de una calle, la más antigua del Vedado, cuya vocación principal es artístico-cultural. 

Esa exploración quedó en un rincón durante un tiempo, pero llega el 2019, año del aniversario 500 de La Habana y dentro de Proyecto Espacios nos proponemos hacer un homenaje a la ciudad.

El título inicial era “La construcción de lo posible”, y la idea era exponer y debatir sobre este levantamiento que habíamos hecho de la calle Línea, invitando a distintos profesionales. Era una manera de pensar sobre la ciudad, desde una de sus calles principales.

Una ciudad siempre es imaginada por muchas personas y es una magnífica oportunidad para aprender. Esa es una práctica habitual de Proyecto Espacios.

Así, implicamos, por ejemplo, al Departamento de Urbanismo de la Facultad de Arquitectura. Tres estudiantes de quinto año hicieron su tesis sobre Línea. Se incorporaron alrededor de diez estudiantes del Instituto Superior de Diseño Industrial, y también tres de ellos terminaron haciendo su trabajo de diploma sobre esto. Vinculamos a la Universidad de La Habana, la Facultad de Física, e Matemáticas…, para implicar ese conocimiento en la evaluación práctica sobre la ciudad.

En paralelo estábamos organizando nuestra participación en la XIII Bienal de La Habana.

Partimos de la premisa de que la arquitectura es la más social de las artes.

Que la arquitectura hoy en nuestro contexto esté tan mal, sea tan empírica, tan de andar por casa, tan poco comprometida, es un reflejo de este tiempo.

Así como las grandes obras de los 60s y los 70s en Cuba nos hablaron de una ciudad en ebullición ideológica, política, y culturalmente; también muchas de las obras (o su ausencia) en los 2000 nos hablan de improvisación, metas, ordeno y mando, insensibilidad, mediocridad, consignas vacías. Problemas sin resolver o mal resueltos, lo que a veces es peor.

En ese contexto y por esas razones, surge el proyecto de la Calle Línea, una calle que lleva consigo una historia tan interesante que todavía nos convoca y nos inspira.

¿Qué tiene de interesante o excepcional, desde el punto de vista urbano, esta zona de La Habana?

La manera en que fue construida esta parte de la ciudad; la sabiduría de garantizar la movilidad y el transporte; la existencia de ordenanzas estrictas para conseguir una ciudad ordenada, limpia, que superara a la ciudad intramuros. Son rasgos que probablemente ninguna urbanización posterior ha podido igualar con esa calidad y rigor.

El Vedado es una ciudad semi compacta, donde se valora mucho la calidad del espacio público. Todavía hoy, muchas ciudades surgen tratando de imitar esquemas similares, aspectos de urbanismo que esta zona del Vedado tenía resueltos desde su nacimiento.

Pero este fragmento de la ciudad está muy maltratado y ha sido muy mal intervenido.

Es, de algún modo, una señora muy mayor que está abandonada a su suerte. Sin embargo, bajo la mugre aún se aprecia su elegancia y su saber estar.

Si se recupera la vegetación, si se ilumina, se recomponen las aceras, se actúa sobre los espacios y servicios públicos, se eliminan las violaciones urbanas, las invasiones del espacio común, los carteles chillones… Tan sólo eso, le devolvería su esplendor y con ello se recuperaría la ciudad de finales del siglo XIX y principios del XX.

Pero el reto actual no termina ahí: es necesario recuperarla para el siglo XXI.



¿Cómo es posible hacerlo sin recursos, o con tan pocos?

Aparentemente no hay recursos, aunque continuamente se está construyendo. La pregunta es en qué se invierten esos pocos recursos que existen.

¿Qué imperativos del siglo XXI habría que tener en cuenta para conseguir una recuperación de ese espacio de la ciudad para que no se quede solo en una mera restauración?

Lo primero es comprender los retos que supone el hecho de que el territorio forma parte del municipio Plaza de la Revolución, el más envejecido de Cuba.

Al mismo tiempo, nos encontramos que sobre la Calle Línea y sus alrededores tenemos unos lugares de ocio que son accesibles para buena parte de la juventud, pero otros que funcionaban en una moneda un poco más inaccesible. Esto supone el surgimiento de brechas y desigualdades nuevas en este entorno.

Tenemos además edificios de alto valor histórico y patrimonial sin ninguna perspectiva de recuperación en el corto plazo. Algunos de ellos son edificios relacionados con la cultura, y que actualmente están en estado de decadencia.

En la zona existen muchas instituciones artístico-culturales, es cierto, pero entre ellas están bastante descoordinadas. Una sola acción, la de conseguir tener una programación coherente, por ejemplo, que ordene los eventos que van ocurriendo allí permitiría generar una fuerza cultural multiplicada y única en la ciudad.

Sobre la Calle Línea trabajan y crean algunos de los más importantes representantes de la vanguardia artística cubana contemporánea. Generalmente se mantienen dentro de sus sedes haciendo su arte, pero no han sido convocados para actuar y participar sobre su entorno inmediato. Esa responsabilidad social no ha sido ni pensada, ni compartida, ni exigida.


¿Con qué fortalezas se puede contar como aliadas para encarar un proyecto de renovación integral en la Calle Línea?

En primer lugar, con la existencia de un patrimonio edificado de propiedad estatal subutilizado sobre el que se puede intervenir y al que se puede reorientar hacia un proyecto más abarcador.

En la zona los habitantes se identifican con su historia y su vocación cultural.

El territorio recibe un flujo turístico que es importante porque es la primera fuente de ingresos del área, con la posibilidad de aprovechar sobre todo en las noches. En el entorno existen varios hoteles y muchas casas de renta.

Desde hace años, además, tenemos grupos de jóvenes que transitan la Calle G y el Malecón; suelen reunirse y hacer vida social en espacios muy cercanos a la Calle Línea, donde no tienen, sin embargo, casi ningún equipamiento urbano que les haga llevadera, cómoda, interesante y atractiva sus estancias. Ha sido siempre nuestro objetivo atraer a esos jóvenes, y ellos ya estaban ahí.

Podríamos aprovechar las ventajas de la comunicación digital. Ideamos que a través de toda Línea hubiera acceso a WiFi y con ello a información importante sobre lo que sería el Corredor Cultural.

Por otra parte, la Calle Línea y sus inmediaciones reúne una red impresionante de servicios gastronómicos, privados y estatales, de diversas categorías y calidades.

Nos encontramos con que hay cerca de cincuenta terrenos entre parqueos y solares yermos que también pueden incorporarse para completar servicios que faltan en la zona.

Además, para convertir la Calle Línea en un Corredor y unir los distintos públicos deberíamos lograr que la velocidad vehicular disminuyera. Aunque se mantuviera la movilidad vehicular, queríamos lograr que el peatón tuviera más protagonismo. Muchos de esos parqueos dejarían de tener sentido y podrían ser trasladados a los lotes traseros de la Calle Línea.

Una de las cosas más importantes que se cumple en esta zona es que, según las ordenanzas de la calle, tenemos cinco metros de jardín y cuatro de portal. Eso permite nueve metros libres y significa que accionar sobre el espacio público allí no contamina el espacio privado.

En otras zonas de la ciudad las fachadas están prácticamente sobre la calle. Entonces, una sola persona que camine por las aceras puede molestar a los vecinos, sobre todo de noche. No ocurre así en la Calle Línea, que es ancha –con tres carriles, un separador central y otros tres carriles y nueve metros libres en cada acera. Esto se presta para una actividad de concurrencia pública.

Línea es además la única calle que une al río con el mar y consta de 3km y medio, que se pueden recorrer a pie o en bici. Por ello imaginamos la inclusión de un carril bici para facilitar el tránsito a través de todo lo que sería el Corredor.

La Estación Cultural “El Carmelo” –hoy Estación Cultural de Línea– debía convertirse en un gran dinamizador cultural de la zona si se pensaba bien la actividad que se iba a desarrollar allí.

Estamos hablando de acupuntura urbana…

En general, la actuación sobre esa calle permitía llegar como una ola en sucesivas etapas y aproximaciones hacia la Calle 23 y hacia Malecón.

Pensamos que un proyecto cultural serio traería los recursos necesarios desde el punto de vista económico y esto beneficiaría en primer lugar a los habitantes de ese entorno urbano.

Los ejes o líneas que definimos desde principio fueron: la política cultural, la gobernanza del territorio y la regeneración urbana.

La cultura se identifica normalmente con un ministerio o con artistas, pero la cultura es mucho más que esas evidencias; es un conjunto de tradiciones, valores, prácticas que van desde las formas de vestir y hablar hasta los bienes materiales que nos rodean. La ciudad es un gran activo cultural y merece una política.

En nuestra cotidianidad, que es tan apremiante, extrema, se ha erosionado nuestro presente material y espiritual, y se ha privilegiado el refugio en el ámbito privado.

En cualquier lugar y desde cualquier punto de vista el abandono y el desprecio por lo públicos es nocivo.

La pregunta que nos hacíamos era si podíamos diseñar el futuro, incluso el inmediato, el que está por ocurrir, con la implicación de todos los ciudadanos y profesionales necesarios para debatir sobre la ciudad; consistía, de alguna forma, en tratar de saber qué querríamos ser de mayores y cómo sería la ciudad en la que queríamos vivir.

Los ciudadanos necesitan una historia para respetar y a la vez un horizonte futuro que construir. No es solo andar La Habana sino también amar La Habana; reconciliarnos con nuestra ciudad.

El proyecto sobre la Calle Línea puede ser una maqueta de estudio a escala real.

Basándonos en sus fortalezas, sabíamos que no se necesitarían recursos extraordinarios. Porque el del Corredor Cultural de la Calle Línea es, sobre todo, un proyecto orientado a las personas que hacen la ciudad. 

¿Deberían sentirse privilegiados los habitantes de la calle Línea por la cantidad de personalidades importantes de nuestra cultura que han residido allí?

Si llegasen a conocer los detalles de los edificios, parques, monumentos con valor patrimonial que existen, ¿los cuidarían más, los promocionarían mejor?

Cada territorio tiene su vocación natural, su particularidad, su propia riqueza. La Habana Vieja, por ejemplo, tiene su historia, y ese es el gran argumento para su reconquista. Centro Habana tiene zonas de intensa actividad comercial como pueden ser Galiano y Reina. Tiene otras zonas que están representadas por su origen como el Barrio Chino.

La Calle Línea, por su parte, tiene una alta concentración de instituciones de la cultura, de alto nivel. Nos preguntábamos qué puede hacer la cultura para salvar la ciudad.

Sabíamos que debíamos comprometer al talento y teníamos que atraer a los jóvenes que son los nuevos seres urbanos. Con ello plantaríamos la semilla.

¿Es un proyecto de transformación que depende estrictamente de las instituciones culturales?

El proyecto no abarcaría solo a las instituciones culturales puertas adentro, sino que estimularía las formas en que ese talento podía aportar hacia lo público, con su compromiso, su proyección, su liderazgo.

Debíamos actuar sobre las escuelas, los espacios públicos, las festividades.

Por eso nosotros quisimos hacer un Festival de las Artes durante la XIII Bienal en 2019, para demostrar que el Corredor ya existía; aún sin haber realizado ninguna intervención física, el Corredor estaba en las personas y en la cultura. 

Ese fue un «buen día” en el vecindario a pesar de que el Festiva fue bastante poco promocionado. Los asistentes la pasaron a gusto, sin ruido, sin música estridente, sin chabacanería, sin alcohol –al que nos tuvimos que oponer explícitamente. 

Pudimos demostrar que esas personas que disfrutan el arte, ya están ahí, son mayoría, y son capaces de generar ese tipo de conductas a las que apuntábamos con el proyecto del Corredor Cultural.

En cuanto a la gobernanza territorial, el propósito tiene mucho que ver con el empoderamiento ciudadano en tanto podamos participar todos en la planificación y gestión de políticas públicas.

La regeneración urbana, por su lado, se basa la construcción escalonada que permita salvar, mantener y autofinanciar. Para ello se previeron acciones inmediatas y otras más demoradas que requerían más tiempo y más recursos.

¿Cómo se puede explicar en breves palabras algunos rasgos de este proyecto de regeneración urbana?

La primera estrategia que seguimos fue dividir imaginariamente la calle en cuatro sectores culturales teniendo en cuenta la existencia allí de instalaciones de grupos artísticos comprometidos con el proyecto. Así, nos imaginamos:

el tramo de los pintores – desde Malecón hasta G;

el tramo de los teatros – desde G hasta Paseo;

el tramo de la danza – desde Paseo hasta 12;

el tramo de los libros – desde 12 hasta 18.

Con un primer plano general, unas ideas iniciales , muchas preguntas y sin haber trazado todavía una línea de dibujo, consultamos con los líderes de los proyectos artísticos que tienen sede en la Calle Línea. No puedes pensar un proyecto cultural sin involucrar a las personas que están sobre el territorio. Nuestras primeras dudas fueron evacuadas con ellos y enseguida comprendieron y se comprometieron con el proyecto.

Esta zonificación nos permitía que se entendiera rápidamente el carácter cultural de la propuesta y se explicara por sí mismo, y a todos los públicos, el propósito del proyecto, su leitmotiv: que se viviera la Calle Línea como un Corredor Cultural.

Una de las ideas era, por ejemplo, que en el tramo los pintores, en las escuelas las aulas de cada grado pudieran ser nombradas con el nombre de un pintor o escultor importante cubano. Ese simple gesto y pequeñas exposiciones permitirían introducir ese tema en las escuelas, ponen a los estudiantes y sus maestros a hablar de arte. Podrías tener un aula que se llamara Servando Cabrera Moreno y otra Raúl Martínez y de eso modo ellos comprenderían con más facilidad que eso también es parte de su historia. Al egresar de la primaria y la secundaria un estudiante habría transitado por cinco o seis aulas y conocería, al menos, igual número de pintores y escultores cubanos.

La propuesta incluía realizar un programa cultural que permitiera la reactivación de lo que generaciones anteriores conocimos como los “círculos de interés”, pero con una vocación hacia el arte. Son formas de acercar a los artistas y creadores al entorno escolar.

Otra estrategia estaba orientada hacia la acupuntura en los espacios de servicio público: muchas pequeñas acciones pueden conseguir una gran acción y una gran transformación.

Los espacios públicos, que son responsabilidad del Estado, incluyen la calle, la iluminación, las áreas verdes, la movilidad; la bodega, la cafetería, la peluquería, la farmacia, los consultorios, las escuelas, las áreas deportivas, las casas para los adultos mayores. Esos servicios, que son de todos, son usualmente los más agredidos o ignorados. Esos no participan de la vida dolarizada. 

Equiparar la calidad de esos espacios supone una suerte de democracia urbana. Los servicios públicos no tienen por qué ser malos. Al contrario, probablemente deberían ser los mejores porque están dirigidos a la parte de la ciudadanía más desfavorecida.

El proyecto del Corredor Cultural traería visitantes de manera no invasiva y con ellos llegarían nuevos ingresos que se revertían en la propia Calle Línea. 

Por eso planteamos la existencia de una oficina a pie de calle donde se explicara el proyecto y esto permitiría fortalecer la participación ciudadana y la gobernanza.

Todo lo que se debía hacer tenía que cumplir con los requisitos de ser sustentable en lo económico, social y medioambiental. 

Toda la transformación debía asegurar que no se terminara desplazando a los habitantes o al público que más nos interesa. No podíamos permitir desplazamientos de residentes por causas económicas, pues no se trata de un proyecto de gentrificación. Para ello habría que seguir políticas destinadas a proteger e implicar a las personas con menos recursos.

Esa participación social que deseábamos había que propiciarla, y uno de los métodos era la debida señalización. Para ello usamos esos tótems emplazados en las aceras, indicadores de localización en la web y que todo el mundo identifica, en los que se inscribían códigos QR para permitir el acceso a información sobre el proyecto.

¿Qué etapas abarcaría todo ese proceso?

La primera etapa tenía que ver con los estudios conceptuales y el logro de las complicidades con las autoridades gubernamentales para tratar de convocar a las personas que tenían que encarar aquello y sumarlas con mucho compromiso.

Luego venía la presentación pública del proyecto. Queríamos hacer una exposición en una oficina del proyecto ubicada sobre la propia Calle Línea, en un local dedicado a ello que nunca estuvo listo. Por eso debimos presentar la exposición en Lab.26, y aunque la vieron muchísimas personas no se cumplió del todo el objetivo de que se convirtiera en algo pensado para recoger opiniones, abierto a la ciudadanía.

En esa fase hubiera sido importante haber creado una plataforma de debate y evaluación. Una de las acciones que realizamos fue el evento de “Arquitectura (in)sostenible” al que asistieron grandes especialistas de distintos países con una experiencia indiscutible que quedarían como asesores. Convocamos a muchos profesores y estudiantes de quinto año de las especialidades de Arquitectura, Diseño y otras áreas.

La siguiente etapa era el desarrollo del proyecto. Este, por supuesto, no es un trabajo de unos meses ni sirve para dar un golpe de efecto momentáneo. 

No es un solo proyecto sino varios en realidad: urbanos, arquitectónicos, culturales, de comunicación. Es algo que lleva tiempo y convoca a profesionales de muchas ramas que se mantienen creando con cierta permanencia.

Por último, llegaba el momento de la construcción/realización escalonada. Los 72 puntos señalados dentro del proyecto del Corredor Cultural de la Calle Línea no son construcciones, son cosas por hacer. Acciones de diferente profundidad y desplazamientos en el tiempo. La mayoría de las propuestas no son arquitectónicas en sentido puro, son híbridos.

¿Qué papel tiene la participación de los habitantes de esta zona en un proyecto como este?

Un espacio es un ente vivo y si es público debe ser permeable. ¿Quién tiene el patrimonio de la razón? Un local físico y un sitio web gubernamental permitirían que se contara con un repertorio infinito de ideas, propuestas, expectativas a debate.

Esa es la verdadera materia prima de un proyecto como este. Mucho antes que el cemento, la arena. Por eso debe haber concursos de proyectos y opiniones diversas.

En lo privado, manda el inversionista; en lo público mandamos todos; la casa es de todos. 

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